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Laura Lucía Romero Mireles / Gaceta UNAM

México- El de la Santa Muerte es hoy el movimiento religioso que más rápido crece, no solo en este país, sino en todas América, desde Canadá hasta Chile. 

Después de México su presencia es robusta en la Unión Americana y Centroamérica, en países como Guatemala, Honduras y El Salvador, pero también en Sudamérica, en Colombia y Ecuador, así como Perú y Brasil, donde es cada día más popular, señaló Andrew Chesnut, de Virginia Commonwealth University, Estados Unidos.

En la conferencia ‘Emperatriz de las Américas: ¿por qué la Santa Muerte mexicana es el nuevo movimiento religioso de mayor crecimiento en el Nuevo Mundo? , organizada por el Centro de Investigaciones sobre América Latina y el Caribe, el experto señaló que no hay sondeos oficiales sobre el número de devotos, pero “tras mis 13 años de investigaciones, estimo que quizás hay 12 millones. De ellos, la gran mayoría se ha hecho devota desde 2001, cuando la pionera del culto, Enriqueta Romero, puso su estatua de tamaño natural en Tepito, en la Ciudad de México”.

En la sesión moderada por el director de esa entidad universitaria, Rubén Ruiz Guerra, Chesnut detalló que se trata de una santa popular mexicana que personifica a la muerte. Su figura, femenina, se suma a las decenas de santos en América Latina que no son reconocidos por la Iglesia católica, como Jesús Malverde, pero que muchas veces tienen más devotos que los que sí están reconocidos.

“Y eso es interesante, porque esta es la región más católica del mundo”: 40 por ciento de esa población es latinoamericana, y México es el segundo país con mayor número de devotos, sólo después de Brasil.

Aunque, aclaró, muchos dicen que son católicos, pero no son practicantes (no van a misa, etcétera). Esa Iglesia ha perdido miembros en los últimos 20 años; un ejemplo es México, donde alrededor de 77 por ciento de la población tiene esa religión.

El especialista estadunidense recordó que la Santa Muerte es una figura que nace del sincretismo religioso. Como parte de la conquista y colonización de América, la Iglesia católica española trajo consigo la figura de la parca, que para los europeos era una mera personificación de la muerte, que surgió en el siglo XIV, durante la peste bubónica: era una representación artística.

No sabían que muchos de los grupos indígenas de México y otros países tenían sus propias deidades de la muerte. “Cuando los naturales ven a la parca, la relacionan con sus propios dioses. Hoy muchos dicen que la Santa Muerte es la reencarnación de Mictecacihuatl”.

Además, aclaró el investigador, las primeras menciones en el registro histórico provienen de 1793, cuando a la sede de la Inquisición, en la Ciudad de México, llegó el rumor de que en Guanajuato había unos chichimecas dando culto a una figura esquelética; descubrieron que era cierto y castigaron a los indígenas. Eso volvió a suceder en 1797 en Querétaro.

Después de eso, la Santa Muerte despareció del registro histórico casi por siglo y medio, hasta la década de 1940, cuando antropólogos estadunidenses la descubrieron en Oaxaca y Guerrero, entre los afromexicanos. A partir de entonces se fue encontrando en casi toda la República. La mayoría de los antropólogos reportan que, en general, se trata de un culto de mujeres pidiendo favores relacionados con el amor o castigo para sus esposos o novios infieles.

En la actualidad, en ambos lados de la frontera, entre 80 y 90 por ciento de los reportes mediáticos la presentan básicamente como narcosanta, vinculada con los cárteles de la droga. “Obviamente tiene seguidores entre el crimen organizado; es más fácil pedirle a ella milagros y favores que no corresponderían a la ética cristiana, como que un cargamento llegue bien a su destino”.

El culto ha crecido rápidamente porque tiene la reputación de ser rápida y eficaz en los milagros de diversa índole, como la recuperación de la salud o superar adicciones; asimismo, los devotos, taxistas, camioneros y mujeres piden protección, en un México con 300 mil homicidios desde que inició la guerra contra el narco, añadió el especialista estadunidense.

También tienen un apego especial quienes viven al borde la muerte, narcos, sexoservidores y, como “ella no discrimina”, también la comunidad LGBTTTIQ+.

Como culto, el de la Santa Muerte tiene muchos retos, porque desde 2005 no se ha podido formar un grupo religioso ni recibir reconocimiento legal.

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