Luto en la plástica mexicana tras muerte de Rafael Coronel

Cuernavaca, Morelos- El pintor zacatecano Rafael Coronel Arroyo murió hoy a los 87 años, informó su hijo a través de su cuenta de Facebook, “Con profundo dolor les hago saber que mi padre, el pintor Rafael Coronel Arroyo, acaba de fallecer. QEPD”, escribió Juan Rafael Coronel Rivera, acompañando el texto con una sobria imagen.
Tras la noticia, la comunidad artístico/cultural brindo sus condolencias.
Su obra, exhibida y reconocida internacionalmente, es descrita como “expresionismo realista que representa figuras temibles con toques de las más bajas experiencias urbanas”.
Su pintura es frecuentemente comparada con grandes artistas como Goya y José Clemente Orozco. La temática de su trabajo a menudo provoca discusión a qué corriente artística pertenece, al Neo-Romanticismo o al Mexicanismo contemporáneo, ya que contiene características de ambas.
Rafael Coronel Arroyo nació en la ciudad de Zacatecas, en 1932. Hizo estudios en la Escuela Nacional de Arquitectura, en la Ciudad de México, y luego en la academia High American School.
A partir de 1956 presentó exposiciones en México, Estados Unidos, Japón, Puerto Rico y Brasil.
Obtuve el Premio Córdoba en São Paulo, Brasil, (1965) y el Primer Premio en la Bienal de Tokio, Japón (1975).
Sus pinturas tienen una sobriedad melancólica, e incluyen caras de los “últimos grandes amos”, flotando a menudo en una calina difusa.
Rafael Coronel enviudó a los 38 años tras la muerte de su esposa en 1969.
Su obra “La Muerte de la Libélula ”, creada en 1973, obtuvo el primer premio en la Bienal de Tokio, en el año de 1974 y en 1979 logró reunir la más importante colección de máscaras mexicanas (más de 5 mil) realizadas hasta la fecha y que actualmente se exponen en el museo que lleva su nombre en la capital zacatecana, en lo que fuera el Convento de San Francisco de Almoloyan y de Asis, una edificación del siglo XVI.

Manuel Felguérez dona 15 de sus obras a Chihuahua

Chihuahua, Chih.- El reconocido pintor y escultor zacatecano Manuel Felguérez donó a Chihuahua 15 de sus piezas que permanecerán en el Museo Casa Redonda, incrementando así los bienes artísticos del estado.

Luego de seis meses de seguimiento y gestión, el pasado jueves 30 de noviembre se concretó la donación al recibir 15 obras realizadas bajo las técnicas de litografía, serigrafía y grabado, creación del artista plástico Manuel Felguérez Barra, quien a iniciativa propia donó la serie de pinturas con el propósito de incrementar su acervo en Chihuahua.
Autoridades culturales encabezadas por la secretaria de Cultura, Concepción Landa García Téllez, viajaron a la Ciudad de México para reunirse con el artista, “Las piezas gráficas son producto de una donación personal que tanto el maestro Felguérez como su esposa Mercedes Oteyza hacen a la entidad, ya que dicha generosidad redundará en bien de la cultura y el compromiso latente de promover y difundir el legado de la escuela mexicana artística”, mencionó la secretaria de Cultura en el Estado, Concepción Landa García Téllez.
Manuel Felguérez nació en Valparaíso, Zacatecas, en 1928. Sus experiencias al lado de Zadkine, en Paris, y de Zúñiga, en México, así como su constante investigación y experimentación, le dieron seguridad en el manejo de materiales y técnicas, no sólo en el campo de la escultura, sino en la pintura y el muralismo, llevándolo a encontrar su propio lenguaje.
Desde su primera exhibición, en 1958, ha participado en innumerables exposiciones individuales y colectivas en México y el mundo. Su obra se exhibe de manera permanente en importantes recintos museísticos y culturales de México, así como en países de Europa, Asia y América, además de múltiples colecciones privadas.
Otros espacios culturales también llevan su nombre: la Galería de Arte Electrónico del Centro Nacional de las Artes, La Galería Metropolitana en la Rectoría de la UAM, la Casa Municipal de Cultura de Valparaíso, Zacatecas y la Biblioteca del Hotel The Sebastian en Vail, Colorado, Estados Unidos.

Enrique Estrada: Una teoría de la realidad con mucha luz

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Carlos Urquidi G.

Chihuahua, Chih.- El movimiento, el color y la luz atrapan a Casa Redonda desde el pasado viernes, vía la exposición ‘‘Deconstrucciones’’ del artista chiapaneco Enrique Estrada, que consta de 46 obras de pintura, escultura y fotografía.
Conocido y reconocido por sus retratos, el artista va más allá con su obra que abarca pintura, escultura y fotografía, que le dan un lugar de honor dentro de la plástica mexicana, sin tanto maniqueísmo como muchos otros en la actualidad.
Al entrar a la sala impacta el fascinante estallido de color usado en la serie de pinturas ‘‘Movimiento’’ en la cual los cuerpos desnudos se multiplican para brindar un agasajo visual de magnas proporciones, desde la candidez de ‘‘León trepando’’ hasta la voluptuosidad de ‘‘Arlequina’’, ‘‘Desnudo ascendiendo’’ y ‘‘Desnudo doble descendiendo’’.
La neutralidad de tonos del cuadro ‘‘Villa y la División del Norte’’ es un remanso de paz.
Con esa serie de pinturas, Enrique Estrada se revela como todo un maestro de la plástica mexicana con carácter de exportación y permanencia.
El recorrido lleva a una isla con esculturas de pequeño formato, un torso dorado y un teléfono clásico se roban la atención, el primero por remitir a las esculturas clásicas griegas y el segundo por recordarnos un pasado inmediato en esta era avasallante de la tecnología.
El creativo maestro casi a solas charla enfrente con una pareja. Su copa de vino casi se termina.
De andar pausado, vestir causal, Enrique Estrada accede a tomarse una fotografía.
-Con gusto, vamos a esa isla, ¿Qué le parece, cuál le gusta, cómo quedó?
Las preguntas caen de sorpresa. Casi no hay nadie en la gran sala.
-El torso es maravilloso, pero el teléfono…
No deja terminar y agrega con voz pausada:
-Es un clásico, también a mi me gusta.
Voltea y observa su obra, pensativo.
Antes, temprano por la mañana el artista ofreció una charla y habló bastante, ‘‘La cultura es un hecho político, no sólo de orden económico, tenemos que tener conciencia de lo que somos, tenemos que asumir nuestra fuerza. En estos tiempos difíciles, la cultura es el norte. Y una de esas fuerzas tiene una gran proyección en nuestro presente, estoy seguro que no es casual mi presencia aquí con mi exposición, que es intensa y muy pensada, tengo conciencia que quienes se acerquen a Casa Redonda no vayan a sentirse decepcionados’’.
Por la noche no hubo decepción, su maestría brilló en todo esplendor.
Enrique Estrada destaca entre sus influencias a David Alfaro Siqueiros (Taller de David Alfaro Siqueiros, Cuernavaca, Morelos, 1965).
Sus palabras esa noche de viernes llevan a adentrarse en el título de su exposición y en su ser, ‘‘Mi trabajo se desarrolla de forma cuidadosa pues es lo más cercano a lo que yo percibo de la realidad, una vez hecho lo destruyo, quito pintura con cualquier medio para destruir lo que con tanto trabajo voy construyendo durante el día’’.
La obra de Enrique Estrada puede ser una teoría de un todo, desde concepciones estéticas, técnica, propuesta y hasta sus temas recurrentes, pero la realidad es que en su obra hay luz. Mucha luz. Punto, hasta aquí.

-Enrique Estrada nació en 1942 en Tapachula Chiapas, México. Estudió en la Escuela Nacional de Artes Plásticas, UNAM, 1960-1965.

-Deconstrucciones estará en exhibición en Casa Redonda Museo Chihuahuense de Arte Contemporáneo hasta agosto. Informes a los teléfonos: 414-9061 o 414-805.
Horario de 10 AM a 19 PM.

“El espejo interno” de Jorge Luna, un derroche de técnica

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Carlos Urquidi G.

Chihuahua, Chih.- El artista plástico Jorge Luna invade dos salas, de Casa Chihuahua con su exposición “El espejo interno”, desde el jueves pasado, donde permanecerá en exhibición hasta el 22 de mayo.
Jorge Luna, nacido en la Ciudad de México el 29 de agosto de 1961, muestra en la sala central, sus obras al óleo, enfocadas a la naturaleza, atrapando desde un principio con su depurada técnica y el exacto manejo del hiperrealismo: plantas que parecen ser parte de un jardín, que invitan a ser tocadas, a olerlas, a podarlas o hasta comerlas –sin poder hacerlo por obvias razones–, todas, sin compartir su espacio delimitado con ningún otro elemento. Teniendo en el exceso de verde su mayor defecto y mayor virtud. De repente, un destello de otro color, saca al espectador de tanta ‘frescura’, lo que se agradece ya al observar la décima obra, dando pie a querer seguir el recorriendo por toda la colección.
Sorpresa total, el embrujo que despierta Jorge Luna toma toda su magnitud en la sala norte, donde en menor cantidad, se exhiben las obras de objetos, esferas en esencia, nuevamente, la gran técnica resalta a la vista, pero dotada de la visión del artista, que aunque siguiendo en el hiperrealismo, le pone un encanto a cada pieza, aquí hay corazón.
Objeto comunes del diario vivir, presentes en la mente del colectivo, son recreados de tal manera que reflejan la modernidad de una manera más bella que aplastante o absorbente.
Jorge Luna es egresado de la Universidad Autónoma Metropolitana, Licenciado en Diseño para la Comunicación Gráfica. Desde 1997 se entregó por completo a la actividad artística, su obra se encuentra en importantes colecciones nacionales e internacionales, entre las que destacan el Museo America’s Collection en Miami, la colección del Príncipe Alberto de Mónaco y la colección de la reina Sylvia de Suecia. Ha participado en más de 30 exposiciones colectivas.
Su obra ha sido definida como un ejemplo de fusión entre la academia más tradicionalista y una atrevida vanguardia donde el recurso multimedia y la meticulosa manualidad son contundentes. Su temática deslumbra al espectador con un mínimo de objetos y el máximo detalle donde se descubren miniaturas pictóricas insertadas en obras de gran formato. El surrealismo y la psicodelia se funden en una sola idea a través de brillos, espejos y cristales que aparecen en una geometría simple en los entornos más insólitos.
Jorge Luna presenta por primera vez su obra en Chihuahua, siendo “El espejo interno” su exposición individual número 26.
Si desea mayores informes favor de llamar al 429-33-00 extensión 11734 o bien acudir directamente a las instalaciones de Casa Chihuahua Centro de Patrimonio Cultural que se ubica en C. Libertad No. 901 esquina con Av. Venustiano Carranza, Col. Centro. Punto, hasta aquí.

 

Luto en la plástica universal; muere el chihuahuense Benjamín Domínguez

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Carlos Urquidi G.

Chihuahua, Chih.- Considerado por todos como un chihuahuense universal, el artista plástico Benjamín Domínguez falleció hoy en la Ciudad de México, en diciembre pasado, sufrió una embolia de la cual se recuperaba, su cuerpo será velado hoy domingo en la funeraria J. García López ubicada en General Prim 57 esquina con Versalles, en la capital del país, para ser cremado el día de mañana lunes.
Calificado como un artífice de los sueños, la magia y las tentaciones, Benjamín Domínguez Barrera nació en Ciudad Jiménez, Chihuahua el 31 de marzo de 1942, iniciando su carrera como un pintor abstracto, corriente que trabajó durante casi 10 años, aunque sus primeros encuentros con la pintura datan de su época pre-adolescente, en su ciudad natal donde conoció y entabló amistad con la señora Carolina Estavillo, quien pintaba al óleo, así, entre pláticas de arte universal y teniendo como base las imágenes de los cerillos `Clásicos’, el joven Benjamín aprendió a dibujar y el manejo de colores.
Su innegable talento se desarrolló pintando carteles de las cintas que se exhibían en el cine de Jiménez.
El arte había marcado a Benjamín Domínguez y el destino se encargó de llevarlo a la antigua Academia de San Carlos en 1962, teniendo como maestros a Francisco Capdevilla en grabado y Nicolás Moreno y Antonio Rodríguez Luna, en pintura.
Ocho años después, en 1970 ingresa al equipo de museografía del Museo del Virreinato en Tepotzotlán, a cargo del maestro Jorge Guadarrama, durante esos años, definiría el estilo que lo caracteriza, con la serie de las ”monjas floridas”, seguida de una serie de “alacenas”, vendrían después las “figuras tatuadas” y “ángeles barrocos”.
Su talento lo llevó a ser reconocido y premiado desde joven como un pintor abstracto, al paso de los años desarrolló su verdadera pasión, ofrecer una visión posmoderna del barroco.
La irrupción Benjamín Domínguez al mundo del arte universal llegaría en el año de 1985, cuando la crítica de arte, Teresa del Conde, presenta en Bellas Artes la colección de Los Arnolfini.
La serie de 20 variaciones sobre el matrimonio Arnolfini -en homenaje al pintor renacentista Jan van Eyck- en la que traslada a la modernidad a una pareja que vivió en el año 1434.
Como anécdota sus biógrafos cuentan: Un día, al visitar la National Gallery of Art, en Washington D.C., fue testigo de la fascinación que despertaba en el público la obra ‘‘La pesadora de perlas’’, del pintor holandés Jan Vermeer.
¿Por qué una pintura hecha hace más de 550 años tenía tanto poder de atracción?
Ese día dudó de todo lo que había hecho hasta ese momento y decidió regresar a las enseñanzas de la Academia de San Carlos, a lo que él llama “la cocina del arte”, es decir, la práctica del arte técnico, del manejo de los colores, de los aceites, los barnices y toda la parafernalia que gira alrededor de un neoclasicista.
La historia del pintor chihuahuense quedó escrita a partir de ello, participando en diversas exposiciones en galerías, museos y centros culturales en México y el extranjero, como el Polifórum Cultural Siqueiros, el Museo de Arte Moderno, Museo de Monterrey, Centro de Arte y Cultura de Guadalajara y en países como Suiza, Argentina, Cuba, y Estados Unidos.
Como dato, en sus obras sobresalen seres extraños con peculiar vestuario realizando rituales mágicos; así como ángeles en bicicleta, volando papalotes por las orillas del mar.
En el 2013, fue acreedor a la presea “Gawí Tónara, máximo galardón chihuahuense, en esa ocasión comentó, “Quiero agradecer por este reconocimiento fantástico que hoy me da la oportunidad de estar aquí con mi gente y el honor de un premio de este tipo. Aquí en el Palacio de Gobierno está mi obra, ‘La Alacena Histórica’, la cual realicé hace 20 años y que tenía mucho que no veía con detenimiento, creo que esta obra sigue conservando mi interés”
Benjamín Domínguez es uno de los pocos pintores que ‘‘Por su virtuosismo y conocimiento de las antiguas técnicas es considerado heredero de la tradición pictórica mexicana’’.
Descanse en paz el hombre, pues el artista plástico se queda para siempre en su obra, que es eterna. Fuerza para su esposa Marisela y sus hijas. Punto, hasta aquí.

Presentan libro sobre el universo plástico de Benjamín Domínguez

Chihuahua, Chih.- El pasado miércoles en la Quinta Gameros fue presentando el libro de Benjamín Domínguez, que recoge en sus páginas una selección de obras, de las más de 400, que a lo largo de su trayectoria han cobrado vida en el óleo, con singulares detalles en los colores y el ropaje de los personajes
El libro, editado por la Universidad Autónoma de Chiapas y la Universidad Autónoma de Chihuahua, en el marco de su 40 y 60 aniversarios respectivamente, muestra por medio de la fotografía, la belleza del arte pictórico que engloba un mundo de creación en el que se reflejan sentimientos y expresiones como la violencia, la angustia, el dolor, la santidad, la belleza y una gran diversidad de estados emocionales que exigen de una mirada profunda para su interpretación.
El libro, de 120 páginas, se complementa con textos inteligentes que, con mirada crítica, interpretan y describen la obra de Benjamín Domínguez a través de las letras del historiador de arte independiente, narrador y ensayista, Carlos Montemayor.
Además de Alfonso de Nauvillate y Luis Carlos Emerich.
Las obras plásticas, esculturales y hoy, el libro en el que se encuentran inmortalizadas, ofrecen un mundo propio del artista que ha construido a lo largo de su vida para ilustrar personajes con cierto carácter y vida, a través del arte y la imaginación.
El surrealismo y el expresionismo de Benjamín emergen de las experiencias que desde pequeño tuvo y con las cuales dio creación a obras como “El juego de las decapitaciones”, “Los envoltorios de la memoria”, “Ecce homo”, “Memorias”, entre otras.
El universo plástico de Benjamín Domínguez descrito en la diversidad de personajes interpretados en ángeles, brujas y sacerdotes que visten atuendos barrocos, exige una carga simbólica que invita al público a sumergirse en una experiencia única de las bellas artes.
Producto de un esfuerzo interinstitucional entre la Universidad Autónoma de Chihuahua y la Universidad Autónoma de Chiapas, en el marco de su 60 y 40 aniversario respectivamente, la producción literaria “Benjamín Domínguez” es presentada para enriquecer de arte al público chihuahuense.
“Estar frente a un cuadro de Benjamín Domínguez y ahora ante el libro que plasma sus obras, es asumir un desafío estético por su fuerte carga simbólica que invita al espectador a descifrarlo sin abandonar la posibilidad de disfrutar su intenso cromatismo”, expone el rector de la UACH, Jesús Enrique Seáñez Sáenz, tras reconocer que las obras del artista permiten apreciar lecturas entorno al mundo y la condición humana.
“En la universalidad del conocimiento promovido en las aulas, la invitación al disfrute del arte es una actividad sustantiva, entendiendo que en el horizonte de la educación universitaria el objetivo central es el ser humano”, manifestó.
Al participar como comentarista del libro, Águeda Lozano, artista chihuahuense de talla mundial, aseguró que en su esencia, el arte es el lenguaje que enriquece a las sociedades. En ese sentido, distinguió la obra de Benjamín Domínguez por mostrar un panorama en el que convergen ideas que remontan a lo obscuro y lo barroco.
Por su parte el director de la Facultad de Artes, Raúl Sánchez Trillo, refirió la obra como una “joya bibliográfica” del acervo artístico en la que el autor logra el objetivo de que al observarla se revelen sensaciones palpitantes.
“Al mirarlos nos volvemos cómplices de su placentero sadismo y nos escondemos en cada uno de los personajes sugerentes”, destacó.
Emanado de la voz del escritor chihuahuense Ramón Gerónimo Olvera, el texto enviado por el artista Ignacio Solares describe el talento de Benjamín Domínguez como un “pintor de la ensoñación y de la vigilia” con una inagotable fuente de inspiración.
Un mundo cargado de mitos y de símbolos asociados a la ritualidad y a la transgresión, a la santidad y a la condena, al placer y al dolor como constancia del ser y del existir, son detalles que Solares percibe de las obras del artista en las que no sólo hace una crítica del propio arte pictórico sino también del mundo actual.
Benjamín Domínguez nació en Jiménez, Chihuahua, y es considerado como un artífice de los sueños, la magia y las tentaciones.
Inició su carrera como pintor abstracto durante casi 10 años, pero su verdadera pasión ha sido realizar una revisión posmoderna del barroco, lo que le ha permitido ser respetado como uno de los neoclasicistas más modernos del país.
Ha expuesto su obra en galerías de varias partes del mundo como Tailandia, Suiza, Bélgica, Estados Unidos y por supuesto México, en ciudades como Monterrey, Zacatecas, Valle de Bracvo, Toluca, Querétaro y Chihuahua, entre otras.
Trabajó diseñando ropa y joyería en plata, tiñendo telas, estambres e hilo mercerizado y serigrafía para estampado en tela y piel. Además dio clases para niños en el Museo de Antropología.