Editorial: El aplauso es para la sociedad civil

Hemos venido a este mundo como hermanos; caminemos, pues, dándonos la mano y uno delante de otro…

William Shakespeare

Carlos Urquidi G.

Chihuahua, Chih.- Hoy, 22 de marzo de 2016, Chihuahua vivió una contingencia, no de esas que lo laceraron por años, no, tampoco fue de pérdidas humanas. Ahora solo fue una huelga en el transporte público que, aunque no causa un daño permanente, sí trastorna la cotidianidad: El ir al trabajo, el llegar a la cita médica, hacer las compras de víveres, pagos y más detalles del quehacer diario.
Tampoco ahondaré en las causas que llevaron a tal situación, tampoco es tiempo de criticar a unos y a otros, ni a los otros ni a los unos. Solo diré que el problema sucedió, ahora es tiempo de solución.
Pero en este filo de los tiempos que vivimos, esa no es la noticia a destacar; aquí lo resaltable y que debiera ser diario, fue la solidaridad mostrada por muchos chihuahuenses, sí, aquellos que cuentan con medio de transporte propio, sí, ellos, decidieron convertirse en choferes públicos, en taxis, en guías, en amigos.
Y no fueron pocos.
Bastó uno solo, un héroe anónimo para que con su ejemplo, como alud de nieve, la solidaridad creciera.
No se requirió un líder, nadie los organizó, solitos fueron llegando y uniéndose.
El carril exclusivo del vivebús se convirtió en el carril de todos: No para invadir, sino para brindar un servicio que hoy, no existió.
Carros, camionetas, ‘trocas’… de todos los modelos y años hicieron fila para encaminar a los varados a sus destinos.
Se vieron leyendas pintadas que anunciaban: ‘Taxi gratis’, ‘Taxi ciudadano’, ‘Ruta tal’, ‘Voy hasta tal cual calle’ y otras más que invitaban, ‘Vámonos’, ‘Yo los llevo’.
Eran uno para todos y todos para uno.
El precio de la gasolina, aquí, no es muy barato. Pero a nadie importó.
Imperó lo que no debe perderse y debemos rescatar: El amor al prójimo y a nosotros mismos.
Una pareja, puso sus dos ‘trocas’ en marcha: Hicieron más de 50 recorridos de sur a norte y viceversa. Nunca se les vio de mal humos y sin ganas.
Todos se subían a los ‘muebles’ sin quejas, hasta riendo y bromeando sobre el hecho.
Otra ‘troca’ roja, regresó pasadas las 8 de la noche y emprendió su viaje con la caja llena de trabajadores, que cansados de su jornada, agradecían el gesto de apoyo.
Hombres ayudando a subir a señoras mayores; señoras mayores cuidando a sus nietos.
Bendiciones hubo al por mayor en las terminales y paradas.
Ante la avalancha, otros tantos decidieron unirse y compartir el taxi y el gasto. Iban llenos, de desconocidos-unidos-humanos.
La palabra solidaridad tomó toda la extensión de su significado.
Alentador, dijo una persona.
Así que hoy por hoy, el aplauso se lo lleva la sociedad civil, por hacer prevalecer, por rescatar aquello que nos distingue: Humanidad.
Que no sea la última vez, es más que crezcan las ganas de dar o recibir una mano y cito al escritor romano Apuleyo: Uno a uno, todos somos mortales. Juntos, somos eternos… ‘Punto, hasta aquí.