“Los cuervos están de luto”, una gran revelación en el teatro chihuahuense

Carlos Urquidi G.

Chihuahua, Chih.- La ya clásica obra “Los cuervos están de luto”, estrenada en 1960, del escritor, dramaturgo y director mexicano Hugo Argüelles que le dio al teatro en México el estatus de crítica social y humor negro, regresó a los escenarios chihuahuenses con un tino pocas veces visto, desde el montaje, la dirección y las actuaciones, logrando sorprender al público el pasado sábado en el Teatro de la ciudad, en sus dos funciones.
Bajo la dirección de Said Corral y las actuaciones de Daniela Enríquez, como Piedad; Oswaldo Tarrés, como Gelasio; Fabiola Torres como Mariana; Rodrigo Hernández en el papel de Enrique; Pedro Codina como el sacerdote; Judith Gardea es Doña Gude; Karina Maldonado, Doña Tula; y en dobles papeles, Liz Díaz como Carito y Hortensia; Christian Adriano Sáenz es Cachito y Rogaciono; Alonso Espinoza como Odilón y Rutilo, además del propio Said Corral interpretando a Mateo, logran mantener al espectador atento de principio a fin.
Sobresale también la acertada iluminación de Daniel Gómez que crea una atmosfera perfecta para el desarrollo de la trama, igualmente la escenografía a cargo de José Luis Dali y la sonorización de Alejandro García.
“Los cuervos están de luto”, llevada también al cine en 1965, centra su historia en Don Lacho un anciano no muy querido que está a punto de morir. Su muerte es esperada con ansías por sus tres hijos para recibir la herencia, pero sobre todo por su nuera Piedad. Pero Don Lacho tarda en morirse y antes de hacerlo revela que uno de sus tres hijos no es hijo biológico, desatando las intrigas en la familia.
El humor negro y el sarcasmo son la base de su entramado, el velorio al estilo mexicano con todo y café con piquete, los chismes, habladurías y demás, la colocan como la obra representativa de su género.
Hugo Argüelles dio muestras de maestría al imaginar los preparativos del “no sepelio”, con ataúd, flores, la ropa que llevará el difunto y demás.
No hay actuación baja, todos los actores y actrices se mantienen en perfecta sincronía para que no decaiga el ritmo, desde las partes serias y las célebres frases hasta el humor con la llegada de las plañideras, que ni son tal ni cumplen su función.
Así, el montaje chihuahuense logra llevar al espectador a esa casa, a esos “dos sepelios” de forma más que decorosa en cuanto dirección, actuación y ambientación, cosa que no sucedía hace mucho al poner en escena este clásico del teatro mexicano. Aplausos de pie. Punto, hasta aquí.