Minicrónica de un adiós entre el dolor y el reclamo

“Hay que tomar en serio cualquier comentario sobre lo ilimitado de la crueldad y la estupidez del Homo Sapiens: si no es histórico, bien puede llegar a ser profético”…
Enrique Servín
/ Cuaderno de Abalorios

Carlos Urquidi G.

Chihuahua, Chih.- Las miradas lo decían todo: hablaban de dolor, hablaban de incredulidad, hablaban sin decir palabras.
Las 12 del mediodía, el sol calaba a pesar del aire fresco. Un moño negro, grande, en lo alto de la entrada principal del Teatro de Cámara Fernando Saavedra señalaba el motivo de la cita: Despedir, honrar, recordar al abogado, escritor, poeta, lingüista y políglota y destacado defensor y estudioso de las lenguas maternas, Enrique Alberto Servín Herrera.
Unos pasos adelante y su foto se yergue en la escalinata, una foto donde se le ve sonriente. Dos coronas de flores blancas la custodian.
El teatro lucía lleno, el féretro en medio del escenario era imponente, comprobaba la realidad. Enrique reposa dentro.
Ese féretro también lanza en la cara la forma violenta, vil que truncó su vida.
Amigos lloran, se abrazan, se alientan, son muchos, se dan calor humano…
Varios funcionarios se hacen presentes para posar, otros, los menos también sufren la pérdida.
En la entrada hay dolor, hay quejas y exigencias sobre los hechos aun no esclarecidos.
Discursos van y vienen en esas horas de adiós, de homenaje, algunos pasan desapercibidos, otros calan hondo como el de Kenia, la hija de corazón y alma de Enrique o el de María del Carmen Salmerón Corrales, quien en su lengua nativa y en representación de las comunidades indígenas rarámuris, le dice, “tú nos dijiste que a donde quiera que fuéramos no dejáramos nuestra lengua, hoy vinimos a decirte que no te vayas”…
La pantalla gigante proyecta su imagen en fotografías.
Kenia con voz entrecortada y ojos a punto de llorar explica que su padre no les enseñó cómo vivir sin él, ni a ella ni a su hermano.
La música del ensamble de cuerdas de la Orquesta Filarmónica del Estado de Chihuahua ponía la nostalgia con sus notas.
Unos salen al vestíbulo, otros hacen fila en los pasillos para ser parte de las varias guardias de honor. Los unos y los otros se apapachan con las miradas. Punto, hasta aquí.

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Comment (1)

  1. Es raro como los hombres llenos de amor se van sin dejar uella Enrique para siempre habra un espacio dentro de cada corazón humilde y enamorado de la vida.

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