Luchan la OFECH y Beethoven para conquistar ante las fallas de logística y atención al público

Carlos Urquidi G.

Chihuahua, Chih.– Un público chihuahuense ávido de eventos diferentes atendió el llamado de los organizadores del Festival Internacional Chihuahua, FICH, para disfrutar del concierto “Beethoven bajo las estrellas” con la Orquesta Filarmónica del Estado de Chihuahua, el Coro Monumental del Conservatorio de Música, además de los solistas Lourdes Ambriz, Encarnación Vázquez, José Luis Ordoñez y Arturo Barrera.
El concierto incluía la interpretación de la genial Novena Sinfonía de Beethoven con el célebre poema de Friedrich Schiller “An die Freude” (A la alegría) conocido como “Oda a la alegría” o “Himno a la alegría”, que también sirvió de marco para la celebración del 25 aniversario de la OFECH.
La cita fue en el muy desaprovechado y fabuloso escenario al aire libre de la presa “El Rejón”, el pasado sábado.
Las calientes gradas de cemento, debido al inclemente sol, se fueron ocupando poco a poco, desde las seis de la tarde muchos chihuahuenses ya elegían su lugar.
Rostros iluminados al ver una mujer emprendedora vendiendo botellas de agua, desilusión cuando le ordenaron retirarse del lugar.
La idea era genial: el lugar, la probada calidad de músicos y cantantes, todo parecía perfecto, todo se prestaba para disfrutar al máximo y dejar memoria en la escena artístico/musical de Chihuahua.
Pero no fue así: la OFECH y Beethoven lucharon para conquistar ante las notorias fallas de logística y atención al público.
De entrada la ubicación dejaba dudas, una cosa es el Parque Metropolitano El Rejón y otra el escenario al aire libre, entre ambos hay por lo menos más de dos kilómetros de diferencia, mucha gente buscaba el área en el primero, mientras en el segundo a alguien se le ocurrió la idea de cerrar el tráfico (atrás de la ULSA) alegando que ya no había espacio para estacionarse, cuando la realidad es que espacio era lo que sobraba. Algunas personas optaron por dejar su auto y comenzar la caminata, otras tantas decidieron dar media vuelta e irse.
La fila era larga, pero tampoco hubo señales de molestias, la gente disfrutó el momento antes de poder llegar.
Solo dos cartelones pequeños indicaban el sitio exacto.
Ya en las gradas, los asistentes esperaron pacientes, no había molestias tras la espera, pero sí les molestó cuando escucharon que debían esperar más para el inicio, el abucheo, la rechifla fue su respuesta ante el asombro de las dos titulares del cultura, por el estado Concepción Landa y del municipio, Alejandra Enríquez.
La espera terminó, casi a las 8:20 pm, el maestro Armando Pesqueira, director de la OFECH, tomó la palabra, “estamos muy agradecidos por su compañía en este concierto que para nosotros será inolvidable por estar aquí este espacio tan especial y con ustedes, donde vamos a poder escuchar una de las grandes obras que no pasan de moda, la Novena Sinfonía de Beethoven que es la última que escribió y con la que selló su gran legado”.
Pesqueira continuó con todo lo relativo a la obra, “Beethoven expresa los anhelos de hermandad que todos los humanos tenemos en el transcurso de nuestras vidas… Yo sé que han esperado mucho así que empecemos”.
Los aplausos lo premiaron.
La música comenzó, el público calló.
El primer movimiento reveló que el sonido no era el más adecuado para el total lucimiento del equipo artístico. Cada integrante de la OFECH sacó la casta y su talento para escucharse lo más decorosamente posible.
Para el segundo movimiento, la voz en un radio de dos vías (walkie-talkie) da otra señal de alarma:
-Que dice el maestro Pesqueira que no estén cambiando las luces mientras dirige.
Nadie responde, ni actúa para solucionar el problema, la voz se vuelve a escuchar, ahora sí desesperada.
-¿Quién es el iluminador, dónde está?
La dueña del radio optó por bajar el volumen y seguir chateando.
El maestro dejó el escenario para indicar al Coro que era momento de entrar en acción. Su cara y actitud es sombría.
El final triunfal de la sinfonía no se pudo disfrutar al máximo, el clímax nunca llegó y el último aplauso fue opacado por el inicio de la pirotecnia cuando apenas director, solistas, orquesta y coro intentaban disfrutar del reconocimiento del público.
Del concierto “Beethoven bajo las estrellas” queda eso y que ni estrellas hubo. Punto, hasta aquí.

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Comments (2)

  1. Daniel Cordero

    Atinada nota. Gracias.

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