“Last Man Standing”: Un ejercicio entre el cliché/realidad del boxeo

 

Carlos Urquidi G.

Chihuahua, Chih.- El tercer evento del recién iniciado Festival Internacional Chihuahua 2018 trajo al escenario del Teatro de Cámara Fernando Saavedra, que lució a la mitad de su aforo, el montaje “Last Man Standing” (El último hombre en pie) del Colectivo TeatroSinParedes que a través de la historia del boxeo va llevando al espectador por un extraño camino.
El montaje comienza con los actores Gilberto Barraza, Rubén Olivarez, Christian Diez, Carmen Coronado y Miguel Ángel Barrera hablando directamente al público y rompiendo la cuarta pared, el escenario es el ring y el teatro es la arena, tras explicar o más bien destantear a los asistentes entre la ficción y la realidad, comienza la exposición de la idea, el programa de mano dice, «es un proyecto de investigación escénica que busca indagar la relación existente entre el box, el teatro y la idiosincrasia mexicana, a través de un estudio realizado acerca de los orígenes del box, su llegada a México y su interrelación con los espectadores como fenómeno social».
Cara a cara, ellos, los actores agregan, “bienvenidos a este simulacro boxístico para actores”.
La atención la tienen. El primer cuadro es atrapante sin duda, igual los recursos escénicos utilizados tales como la proyección de imágenes en la pantalla/telón, en la utilería (casilleros) y en las paredes.
Igual muy plausible las coreografías de combate a cargo del también actor Miguel Ángel Barrera, quien en su cuadro en solitario se roba la obra.
La dramaturgia e idea original es de Jorge Maldonado, todos bajo la dirección escénica del francés afincado en México, David Psalmon.
La idea es atractiva siendo México un país de amantes del boxeo y de boxeadores, casi alcanzando al futbol.
Así, “Last Man Standing” arranca con un cuadro de datos reales, en escena los actores recrean y platican la llamada “La Pelea del Siglo” den 1923 entre el campeón estadunidense Jack Dempsey “El Asesino de Manassa” y el argentino Luis Angel Firpo, “El Toro Salvaje de las Pampas”, en el Polo Grounds de Nueva York, combate convertido en mito hasta la actualidad por los alegatos de que se benefició al estadunidense.
Ese inicio bien vale todo el montaje que continúa entrelazando datos reales con la historia ficticia de la promesa del box “El Gallo” (Christian Diez) y del ídolo y campeón “El Chacal” (Un excelente Rubén Olivarez).
Tras ello, viene la caída: El diseño sonoro y la música (a cargo de Daniel Hidalgo Valdés) terminan enfadando por su alto volumen, el abuso de la campanilla es en verdad un distractor, error de origen o de mal manejo en la presentación de Chihuahua quién sabe; igual las voces engoladas de todo el cuadro de actores en las escenas juntos.
Además el abuso del cliché del mundo boxístico, esos seres que no tienen alternativa para salir de la pobreza, recurso utilizado hasta en el cine (El Ángel del barrio, 1980 y Nocaut, 1984).
Luego el salto abismal para llegar al cierre que va de una búsqueda o exposición de la vida, el teatro, el box y el pensar y sentir mexicano hasta una lección rosa sobre sobre igualdad de género. Se les olvidó un clímax.
“Last Man Standing” es un gancho al hígado de todo y nada: Una alegoría entre golpes, sudor, caídas y cuerdas que devanea entre la farsa, la sátira, el drama y hasta el performance. Punto, hasta aquí.

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