Estrujante, conmovedora, fascinante… ¡REAL!

kigra fartima 2

 

Carlos Urquidi G.

Imágenes especiales: Raúl Kigra

Chihuahua, Chih.- Había una vez un rey en Inglaterra que sembró el terror: Ricardo III
Había una vez en Chihuahua una reina, que sembró el terror: La violencia
Hay en Chihuahua una compañía teatral que se atrevió a reunir ambas cosas: la tragedia escrita por William Shakespeare y las tragedias que dejó un fallido combate al crimen y que aún causa estragos entre la población. Sin olvidar las secuelas que dejó y los cientos de ‘daños colaterales’ ocasionados.
Teatro Bárbaro, ahora de la mano del director invitado Fausto Ramírez presenta los fines de semana su primer Shakespeare, peor no un Shakespeare al que estamos acostumbrados, sino una variación, vivencial y exponencial.
Entre coqueteos con el perfomance, la pieza, el teatro íntimo, social, de denuncia y más, el nuevo montaje ‘‘Yo tenía un Ricardo, hasta que un Ricardo lo mató’’ termina siendo un producto redondo, sin peros, y que se adentra hasta lo más profundo de cada espectador, llevándolo del coraje, el llanto, la incertidumbre y hasta a la reflexión.
El director jalisciense Fausto Ramírez logra un engranaje exacto al conjugar el texto original, el texto shakesperiano y las actuaciones, alejándose por completo del drama sico-social que podría darse al abordar una temática tan fuerte y real, mucho menos caer en el panfleto aleccionador tan socorrido por muchos que han intentado desarrollar el tópico con resultados desafortunados.
Aplausos merecidos para todos y cada uno de los ocho actores, solos o en conjunto, dan cátedra: Rogelio Quintana, Tania del Castillo, Miguel Serna, Iván Mena, Yaundé Santana, Rosa Peña, Fátima Íseck y Jessica Verdugo.
Las variaciones de Ricardo III, Chihuahua y Teatro Bárbaro se enlazan, crean una tríada que atrapa y sorprende, siendo ese recurso uno de los muchos detalles que hacen del montaje un producto de gran calidad.
«Sucio demonio. Enrojece. Tú no conoces ley de Dios ni de hombres…»
Las viudas de la guerra al narcotráfico son representadas por Tania del Castillo quien saca a la actriz que lleva dentro como en ningún otro montaje. Fuerza de mujer.
«El juego sirve para asimilar la realidad y para ahuyentar la muerte… Pero… No todos los juegos sirven para ahuyentar la muerte».
Un caso reciente que estremeció a Chihuahua, el asesinato del niño Christopher, a manos de otros niños, es recreado de forma certera por Fátima Íseck, quien en pocos minutos y con una frase define todo. Aplausos al cuadro completo por no caer en el morbo, el amarillismo y aplausos a Íseck por darle ese matiz exacto a su actuación.
‘‘Hasta en el Corrido de Chihuahua se menciona el sotol’’…
Un falso relax viene con el actor Rogelio Quintana que invita al público a participar, para con un ejercicio, adentrarse en los temas de la desigualdad social, la extorsión, el cierre masivo de empresas a causa de la violencia.
Quintana mantiene su yo y su personaje con calma, con fuerza retenida, es un dique a punto de romperse. Se agradece esa mesura.
Hoy en día, Ricardo camina por las calles de Chihuahua. Lleva un rostro que intenta ocultar lo violento, oscuro y ruin. La Sierra el lugar idóneo.
La fuerza actoral y presencia escénica del maravilloso Miguel Serna, toca y trastoca con su actuación individual.
«¿Por llamarme George? El rey me ha previsto de esta guardia y ha prestado atención a libelos y sueños diciendo que un mago le ha dicho que por G, será desheredado; y como mi nombre George empieza con G pues él cree que yo soy ese…»
«Aquí en este páramo, hay muchos que se van y no regresan. Dejan huérfanos y viudas en el desamparo. Chihuahua se yergue desdibujado».
El tema de desapariciones forzadas llega de la mano del joven Iván Mena que tiene en las manos un monólogo extraordinario al cual le saca el máximo provecho. Mena se engrandece como actor.
Plausible todo, desde los recursos y detalles escénicos que lo visten: proyecciones, iluminación y el apoyo de los demás actores.
«Dicen que es más fácil que un rayo te caiga dos veces a que te saques la lotería, pero yo sí tuve esa suerte. Antes la gente se moría por causas más normales, como rayos por ejemplo, hoy pareciera que en la ciudad cayeran cientos de rayos: rayos del crimen organizado, rayos por extorsiones, rayos por asesinatos homofóbicos, rayos por secuestros».
Jessica Verdugo trae de forma certera los secuestros y robos exprés y todas las secuelas que dejan. En la actriz recae todo el peso, no hay nadie más, ahí, encerrada en una cajuela, alumbrada con una lámpara, crea y recrea de manera contundente su pasaje. Nunca antes Jessica Verdugo había dado tanto en una actuación. Más aplausos.
«Chihuahua, México, tiene una factura que está pagando. Niños y adolescentes que fueron trastocados por la guerra, que no recuerdan o no conocieron tiempos de relativa calma hoy son descubiertos como crueles asesinos, incluso más que los adultos’’.
Las historias tienen un hilo conductor, una mujer, una actriz: Yaundé Santana.
Que a manera de lectora de noticias, de político, de candidato, va dando las ‘frías estadísticas reales’. No hay emoción en su rostro, así lo requiere su papel, para ello, se requiere ser una artista consumada y Yaundé Santana lo sabe.
El final, llega, en forma de los crímenes de odio…
‘‘A mí me gusta mucho Shakespeare pero no me gusta el chocolate. Pero me gusta mucho Shakespeare. No me imagino que alguien pudiera hacerme algo, maltratarme, golpearme, torturarme o hasta matarme porque no me gusta el chocolate’’…
Rosy Peña lo hace de nuevo al dar vida a una madre, como muchas, que habla tranquilamente mientras prepara chocolate.
La actriz va tranquilamente subiendo de tono, mide cada palabra, deja el molinillo, se tira al piso, se convierte en la madre de Ricardo III. Recre el texto de Shakespeare.
Su hijo aparece en escena –semidesnudo, con su cabeza envuelta en una bandera mexicana.
Aquí, Rosy Peña da una vuelta de tuerca a su personaje con una calidad histriónica insuperable.
‘La Piedad’ de Miguel Ángel se recrea en vivo..
El grito retumba en cada rincón, ya es una madre, como todas, ‘‘Mi hijo no es una abominación’’.
Es pues, ‘‘Yo tenía un Ricardo, hasta que un Ricardo lo mató’’ en su totalidad, un montaje digno de verse, lleno de recursos y juegos escénicos.
Interesante el manejo de estadísticas reales; el símil creado con cada actor y los personajes del drama shakesperiano; los recursos escenotécnicos como el proyector, el dibujo del mamaleche, la arena, los escritos en el suelo, la lámpara de ferrocarrilero. Todo.
Todas las referencias llevan al universo de Chihuahua, al de Teatro Bárbaro y sus actores. Respeto a todos los inmiscuidos en el proyecto. No se la pierda. Punto, hasta aquí.

Teatro Bárbaro
Foro Cultural Independiente
Sala Subterráneo
Calle Doblado #111, Centro Histórico, Chihuahua, Chih.
Entre calle Tercera e Independencia, frente a la Estación Juárez del Trasporte Vivebus, a dos cuadras de la Catedral.

Informes y reservaciones: 614 227 2176 y 614 2395888

Horarios:
Viernes 8:30 P.M
Sábado 7:30 PM
Domingo 5:00 y 7:30

Like This Post? Share It

Comments (2)

  1. Fausto Ramírez

    Muchas Gracias por los comentarios, desgranan el maravilloso trabajo que los actores de Teatro Bárbaro pusieron con el alma, abriendo las venas de lo subyacente en sus vidas.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *