Aarón Acosta… Manos que tocan vidas

 

Carlos Urquidi G.

Imágenes: Carlos Urquidi G.

Chihuahua, Chih.- Aarón Acosta es un joven al que tras un accidente le fueron amputadas las manos y las piernas…
Esa podría se la historia, pero no, la verdadera historia comienza después del accidente que le cambió la vida.
Aunque para Aarón Acosta, su accidente, no fue tal, sino, “Un verdadero parteaguas en mi vida, de esas experiencias que te hacen reflexionar de manera muy intensa y que provocan que necesariamente cambies el rumbo de tu vida”.
De entrada su rostro irradia luz, su sonrisa es cautivadora, el apretón de manos con el que saluda transmite seguridad y sus palabras, sus palabras suenan tranquilas, alentadoras, cálidas, esperanzadoras.
“Si cambias tu forma de ver la vida, tu misma vida puede cambiar”…
Y a Aarón le cambió la vida de forma drástica el 27 de diciembre 1997, en el techo de la empresa donde trabajaba, ese día, por las inclemencias del tiempo no pudo realizar las entregas a domicilio, pero sí, intentó quitar la nieve del techo.
Más de 64 mil voltios recorrieron su cuerpo.
Ahora, 18 años después, cuenta.
“Me cambió la vida, como todos, tenía planes a los 18 años, pero sobre todo, me cambió la forma de ver la vida”.
Y mira, sí, mira sus manos, convertidas ahora en unas relucientes prótesis de metal. Sus ojos brillan más.
“Fue volver a aprender, a ponerte de pie, a bañarte, a escribir, a ir al baño y a valorar que seguía vivo”.
“Comencé realmente a vivir, ahora sí que la vida me cambió en un segundo”.
Con una leve sonrisa, de su característica sonrisa, dice, “Fue un proceso difícil, quedé más corto por fuera, pero más grande por dentro”.
Agrega, “No me caía el veinte, pero tuvo mucho apoyo familiar”.
¿Renegó?
“El apoyo que tuve no me dejó renegar, enojarme o amargarme, me puse serio y triste, eso sí”.
Los recuerdos de ese ayer llegan a su mente, habla pausadamente, en susurros, “En el hospital, una noche, junto a mi mamá, recordé lo que me gustaba hacer y pensé, qué tendrá Dios para mi”.
Aarón Acosta estuvo internado aquí en Chihuahua unos días, debido a sus lesiones y gravedad fue enviado a Torreón para ser tratado por especialistas en quemaduras. Duró allá cerca de tres meses.
Luego a regresar a casa, a su entorno.
Piensa, regresa mentalmente a aquel día, se mueve en el mullido sillón de piel negra que se confunde con su pantalón de vestir y responde, “Lo que más me pegó fue llegar a mi casa y ver mi bicicleta, mi patineta, unos tenis”.
En ese momento nace el otro Aarón.
“Ahí dije: No es gripe y no se te va a quitar. La situación era deprimirme o salir adelante”
Y confiesa que no sabía nada de prótesis, además de que no podía hacer nada por sí solo.
El primer paso fue conseguirlas. Cinco meses después de su accidente, en mayo, y seis o siete veces e un quirófano, ya las tenía. Todo fue de forma vertiginosa.
“Tuve la oportunidad de tener prótesis parecidas a manos, pero no, preferí los ganchos”
Ahora a vivir.
Un mes después de tener sus prótesis, regresa a trabajar, ahora en oficinas; estudiaba Ingeniería en Sistemas, decide que no era lo suyo, se cambia a Derecho.
Un proceso de adaptación y aceptación, que en su caso, fue rápido.
“En la escuela tenía mis dudas, pero nunca me negué a salir, quería que de alguna forma la gente viera en mi su condición y que se atreviera a salir al mundo con ella, sea cual fuere”.
Y se pregunta a sí mismo, ¿Cuánta personas reniegan de su condición?
Así de repente, lo empiezan a invitar a compartir su testimonio, primero ante grupos pequeños de 20 o hasta 50 personas, a veces le pagaban a veces no. Sin saber nada, acepta. Después llega otra invitación y va. Su sorpresa es que lo esperaban más de 300 personas.
“Ahí me quedó claro que a la gente se le quedaba algo de mi, entonces decidí que debía formalizar y empecé a estudiar y trabajar en ello”.
Con franqueza revela que no sabía nada del cómo hacer eso, dar su testimonio.
“Vi algo de impacto en la gente, se identificaban con mi proceso de adaptación y aceptación”.
Directo, sin falsas pretensiones, confiesa que no se considera conferencista, ni motivador, es más, ni le gustan esos calificativos.
“Mejor inspirar, animar a cambiar, ese es mi enfoque”.
Sus palabras son igual de nítidas que su bien lavada y planchada camisa azul cielo.
“Queremos ser felices en la búsqueda de lo material y se nos va la vida”
Ahonda en el tema, “Nos basamos en lo que no tenemos, cuando debemos hacerlo en lo que tenemos”.
Se sincera, “No niego que no importen las cosas materiales, pero estamos desaprovechando lo que tenemos”.
La cosa se pone buena y no se amilana al responder sobre el tema de los conferencistas o motivadores.
“Yo no vendo el tema de la discapacidad, sino el de la capacidad y claro que hay mucha gente que hace negocio de ello”.
Se engrandece al continuar, “Mira, no me siento muy fregón, pero en el momento que se te cae el mundo a pedazos, estar ahí. Darle a la gente un empujoncito, darle a saber que hay maneras de estar mejor, yo me siento fortalecido, me siento lleno si sucede”.
“Hasta donde Dios me lleve, quiero tocar más vidas”.
No solo son palabras en boca de un carismático hombre. Aarón Acosta tiene una vida con hechos.
Actualmente promueve su libro, ‘Yo soy Aarón’, una edición propia y con sus recursos, en el que de forma amena, directa y de sus palabras cuenta su historia de vida, de cambios.
“Cuando hice el libro, en el 2015, no quise que lo cambiaran el sentido de lo que quería compartir, para que fuera mi libro, un libro especial, íntimo”.
Pero eso no es todo, también creó la ‘Fundación Motivos en Acción A.C’ y conduce el programa de televisión, ‘Mejorando Vidas’, todo ello sostenido con la ventas del libro.
“Es una cadena de ayuda, un conecte con asociaciones, no se cobra nada, todo es auto financiable. Mucha gente desconoce a que asociación recurrir”.
Hace 18 años, aparte de su familia, a su lado también estuvo su novia, hoy es su esposa. Tiene dos hijos.
Sobre sus hijos, un adolescente de 15 años y una nena de ocho, responde, “Ellos no dicen nada de mi condición, así me conocieron”.
“Me siento mejor ahora y ya tengo 36 años”.
Y lanza un mensaje final, “Hazlo por ti, si empiezas a ver diferente, ahí empieza el cambio”.
“Estoy convencido que Dios tiene un plan muy especial y único para cada uno de nosotros y se que el mío aun no ha terminado, por eso, Él ha decidido tenerme todavía aquí, para seguir haciendo lo que mejor puedo hacer… tocar vidas.”.
Los milagros ahí están, véanlos.
El libro, ‘Yo soy Aarón’ está a la venta en Librería La Prensa, Bodega de Libros, Palabra Viva y Librerías Gonvill. Adquiéralo y sea parte de esta cadena de favores tan necesaria en los tiempos que vivimos. Seamos todos un Aarón, por nosotros mismos y por quienes necesitan apoyo, sea cual sea su/nuestro problema. Punto, hasta aquí.

Vea aquí la entrevista en fotografías:

https://www.facebook.com/media/set/?set=a.1287349554613419.1073742099.518331078181941&type=3

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Comment (1)

  1. Muy bien excelente libro y vaya que es totalmente positiva y real la manera en que tomas las decisiones y ahora tu vida como usuario de protesis (que es discapacidad para quien asi quiere vivir) No necesitas protesis fisicas o problemas mentales para quedar varado en el camino. Todo es la ACTITUD con la que se vaya en la vida. Me gusto mucho la manera en que tomas a broma muy similar lo he hecho yo salen bien las historias y la gente se queda asombrada jajajaja, Tambien tu novia ahora esposa una gran mujer y toda tu familia. FELICIDADES LES MANDO UN FUERTE ABRAZO

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