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Foto: Reuters.

Laura Romero / Hugo Maguey / Gaceta UNAM

La toma del poder de parte de grupos talibanes en Afganistán “es una derrota simbólica para Estados Unidos y el presidente Biden, y una victoria para ese régimen radical; hay un impacto en términos simbólicos, las escenas del aeropuerto, con los aviones llenos de gente que quiere escapar. Sin embargo, el régimen talibán ha colaborado con poderes coloniales en diferentes momentos de la historia, al menos en los últimos 100 años”, señaló Juan Carlos Barrón Pastor, del Centro de Investigaciones sobre América del Norte.

El 14 de abril de 2021 Joe Biden anunció el retiro de las tropas estadunidenses de Afganistán que ocuparon ese país desde 2001, luego de los ataques a las Torres Gemelas el 11 de septiembre de ese año.

Desde entonces, el grupo talibán comenzó a retomar el control de distintas ciudades, hasta que el 14 y 15 de agosto llegaron a Kandahar y, finalmente, a la capital afgana, Kabul.

Para el secretario académico del Centro de Investigaciones sobre América del Norte lo que se está viendo es una entrega relativamente pacífica del poder a los talibanes. “Lo que sorprendió a los estadunidenses fue su rapidez, pero no el hecho de la transferencia de poder institucional y militar”.

Golpe a la reputación democratizadora

“Lo que ocurre en Afganistán representa un momento histórico en esa zona del mundo, a 20 años del 9/11, lo que significa un golpe a la reputación estadunidense, a su retórica liberalizadora y democratizadora, y sobre todo será un reflejo de la transición hegemónica que ocurre en el ámbito internacional”, afirmó el académico de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, Moisés Garduño García.

Se trata de un fracaso de la política exterior y de seguridad de Estados Unidos, desde Bush, Obama, Trump y hasta Biden, y lo es porque se prometió a la opinión pública internacional un Afganistán democrático, consolidado institucionalmente, con libertades para las mujeres, etcétera. En términos de seguridad internacional la invasión fue un fracaso y, más allá del asesinato de Osama bin Laden, no hubo ninguna mejoría en la calidad de vida de los afganos, apuntó.

—¿Biden se mostró demasiado tranquilo en su discurso tras las imágenes en Afganistán?

—Tenía un plan —comentó Barrón Pastor— y ese era negociar, como ya lo había hecho, con el talibán y salir de Afganistán para dejar de estar gastando dinero en esa ocupación. La ejecución de ese plan es la que está saliendo muy mal en términos mediáticos, al menos lo que vemos es que esto ha sido un caos, no ha sido una salida ordenada de ese país.

Para el experto, lo que se puede inferir de la frase “fue demasiado rápido”, que los medios han retomado y que fue fundamental en su discurso, es que se tenía en mente que iban a salir los estadunidenses, los grupos afines al régimen de Ghani y tres meses después, cuando la opinión pública no pudiera asociar tan claramente una cosa con la otra, iba a haber esa toma del poder en Afganistán. El mensaje es que estaba acordado un plazo que no se cumplió.

“Yo creo que esta manera calmada por parte de Biden es para tratar de decir que está bajo control, que así lo planearon. Sin embargo, a pesar de su actitud fría ante la situación, lo que en este momento ya no se puede parar es la incapacidad para ejecutar el plan de una manera más o menos adecuada… Se muestra una incapacidad, ineptitud de planeación, ejecución, en la conducción de esta transferencia de poder”, aseveró Barrón.

Las mujeres, vulnerabilidad extrema

Par el régimen talibán, “posiblemente no sea una crisis humanitaria la situación que vivirán las mujeres, sobre todo las mejor preparadas de ese país. Lo que viene para nosotros como universitarios o humanistas es la preocupación por esas personas que, sin duda, estarán en una situación de vulnerabilidad extrema y, en ese sentido, sí es una crisis humanitaria”, dijo Barrón Pastor y añadió: “Lo que ha pasado es que esta crisis humanitaria en Afganistán ha dejado de ser la prioridad en la política exterior de Washington”.

Moisés Garduño concluyó que, “hay que repensar las estrategias de ayuda para el desarrollo y no caer en estrategias militares que prometen mucho y sólo adineran a los fabricantes de armamento, mientras las poblaciones terminan en calidad de desplazados, refugiados o en el peor de los casos pierden la vida y se compromete el futuro de las nuevas generaciones. Es un tiempo histórico para repensar y ver cuál será el porvenir en esta y otras naciones que están en condiciones similares”.

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