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Carlos Urquidi G.

El contenido en las nuevas aplicaciones, sobre todo las redes sociales, se vio marcado esta semana que termina por cuatro cotilleos, dirían en España, y chismes, les llaman en México.
Tres de los cuatro temas no pasarían de eso, de un simple y burdo chisme, de no ser porque “medios serios” los retomaron como noticia frívola sin pensar en las implicaciones graves que llevan en las formas de pensar y actuar y, el cuarto, cobra importancia porque daña la tan necesaria y aún lejana igualdad de género en México.
De igual manera, a los cuatro los enlaza el mundo del arte, del espectáculo, más no así el talento que sería lo destacable en todo caso, pero mejor dicho, la falta de talento entre todos sus protagonistas.
El chismerío inició vía el caso de dos mujeres que se popularizaron con sus recreaciones de “Las lavanderas”, pero no del famoso cartón para tapiz de Francisco de Goya, sino dos personajes, para nada aspiracionales, surgidos en un programa de Monterrey.
El concepto de comedia fácil y desechable formado por las conductoras Karla Luna y Karla Panini duró unos años, hasta 2014, como tantos más de su estilo, pero dos ingredientes las mantuvieron por buen tiempo en las noticias: el cáncer que padeció Karla Luna y que terminó quitando la vida, tristemente en 2017, y la “traición” de su amiga, quien se enredó con su marido. ¿Sus personajes de comadres chismosas traspasaron la vida real?
Todo sería historia ya, pero la familia de la fallecida Karla Luna filtró recientemente unos audios donde salen a la luz una traición, maltratos y un desfalco económico por parte de Karla Panini y su ahora esposo Américo Garza, sí, el que era marido de su amiga fallecida.
Y aquí entran las redes sociales, por cerca de “19 días y 500 noches” los insultos hacia Karla Panini corrieron como reguero de pólvora, sacando a relucir la ideología machista, pues se enfocaron en crucificar a la “amiga traicionera”, olvidándose que el marido también puso su parte en el consumo del engaño.
Ni en “La Rosa de Guadalupe” se atrevieron a tanto…
El segundo caso, es lo mismo que el anterior, nomás que en versión masculina, gira alrededor del cantante de banda y norteño Valentín Elizalde, asesinado en 2006.
También en esta historia el talento músico-vocal escasea.
En breve, su primo Tano Elizalde que lo acompañaba el día en que fue asesinado, fue acusado recientemente por su ex esposa de participar en el crimen, pero, resulta que el tal Tano sostiene una relación sentimental con la viuda de Valentín.
Con lo anterior basta para cerrar ese capítulo.
En el caso tres de la lista de chismes, la falta de talento se convierte en nulo talento.
En un programa, también basura, el reconocido cantante de música mexicana Pepe Aguilar se cuestionó sobre la música en la actualidad, “¿qué está pasando con la música, ahora es mediocre, chafa y pinche?”
Y sin ser invitado a la fiesta un joven llamado Natanael Cano respondió con un florido lenguaje, “que alguien le explique a Pepe Aguilar, pobrecito, que no sabe qué son los corridos tumbados y que para todos hay gustos […] De mi parte te puedes ir a la verga, tú y tus fans que ya están en la tumba, no existe ni uno, ni a mi jefa le gustas güey”.
Pepe Aguilar y su apellido son referentes de siempre de la música mexicana… Alto aquí, ¿qué son los corridos tumbados?..
Si el tal Natanael y la gran mayoría de los que se convirtieron en expertos en música hubieran recurrido a Wikipedia sabrían que el corrido mexicano sí es un género musical con más de trescientos años de antigüedad, que cobró fuerza a principios durante la época de la independencia y ganó mucha popularidad durante la Revolución Mexicana.
Los “corridos tumbados” ni a subgénero llegan.
Ahondemos: Un género musical es una categoría que reúne composiciones musicales que comparten distintos criterios de afinidad, instrumentación, el contexto social en que es producida o el contenido de su texto.
Al escuchar al tal Natanael es un hecho que cantar no sabe, tocar un instrumento menos y que su música tampoco es una novedad, ya que existe el antecedente de los “corridos alterados” derivados de la descomposición social y cultural que se presentó en el país en las dos décadas anteriores y que terminó por “estetizar” el narcotráfico.
Para entender lo anterior remito al profesor Juan Rogelio Ramírez Paredes quien en su estudio “Huellas musicales de la violencia” publicado en 2012 ya hablaba de, “la relación entre este tipo de música y una sociedad descompuesta tiende a generar círculos de decadencia que claramente indican que la violencia y el proceso de descomposición social que hoy vivimos en México puede llegar, todavía, mucho más lejos”.
Cuánta razón tenía Ramírez Paredes, pues ocho años después surge el mencionado Natanael y vende ahora “corridos tumbados”, un subgénero de otros subgéneros.
El cuarto caso tiene también en común el nulo talento, pero se torna grave y más en un país como México donde la violencia feminicida es alarmante y que ni la pandemia ha logrado controlar ya que en el primer trimestre de 2020, en plena emergencia sanitaria por el Covid-19, fue el más violento para las mujeres en México desde el inicio de la estadística por género en 2015.
Y se preguntará qué tiene que ver el feminicidio con un chisme, resulta que otro seudo cantante de nombre Johnny Escutia saltó a las tendencias por dedicar una canción a la reconocida youtuber Yuya, cosa que no tendría nada de malo, a menos que en su letra explicara cómo violarla, torturarla y matarla.
Fue una usuaria de Twitter, Ana Luz, quien puso el dedo en la herida y dio a conocer el caso y después, la misma Yuya denunció el hecho en sus redes sociales.
Al examinar la propuesta musical del tal Escutia, evitando no vomitar, la indignación tiene su razón ya que muestra violencia explícita en sus letras y hace apología del delito incitando al feminicidio, secuestro, violación, necrofilia y pedofilia. Cuánto talento.
Tras conocerse el hecho, colectivos, derehohumanistas y cualquier persona con el mínimo de sentido común, exigieron retirar de las plataformas musicales, así como de las redes la “música de ese talentosos artista”, la contraofensiva tuvo un poco de eco, ya que casi inmediatamente la aplicación Spotify de reproducción de música vía streaming eliminó el contenido, aunque no en todos los países, “podemos confirmar que la música en cuestión ha sido eliminada de nuestros servicios, por violar los lineamientos de los contenidos prohibidos por tratarse de discurso de odio”.
La nula defensa del autonombrado rapero, es mexicano y vive en España, no fue para nada satisfactoria, “Yuya si en algún momento te ofendí te ofrezco disculpas, no fue con esa intención y nunca pensé que llegaría hasta ti… y si te han amenazado denuncia, al igual que la otra chica, denuncien y que busquen a los responsables, porque yo tengo las manos bien limpiecitas y hay mucho loquito en el mundo”.
Así, el Museo de Memoria y Tolerancia publicó en su página de Facebook un comunicado para apoyar a Ana Luz, tras denunciar al rapero: “La valentía de Ana Luz merece todo el reconocimiento social y que se le proteja. Negar la violencia contra las mujeres, en un contexto donde existen expresiones tan atroces como las de Johnny Escutia, no ayuda a comprender la magnitud de un fenómeno que no para de crecer. Juntas y juntos rechacemos la violencia contra las mujeres y las niñas. Qué #NuncaMás tengan la complicidad de nuestro silencio”.
Ahondando, durante el sexenio calderonista (Felipe Calderón /2006-2012) y su mal llamada guerra contra el narcotráfico surgió en 2008 en Sinaloa el Movimiento Alterado, con sus “corridos pesados”, generando otro subgénero más, los llamados “corridos enfermos”, con alusiones directas al placer de matar, cercenar y torturar, “los corridos enfermos hablan de la realidad. Los corridos pesados lo hacen, hasta cierto punto, de las realidades del inframundo del narcotráfico y la industria de la violencia ilegal”, refiere el estudio de Ramírez Paredes
Escarbando para poder comprender, más no aceptar de ninguna forma, la propuesta del susodicho Escutia, en la pasada década surgió el pornocorrido, “líricamente compuesto por un lenguaje obsceno (forma) y una temática sexual (contenido)”.
Y retomo del estudio al que me he referido, que, “el uso público del lenguaje más bajo quizás alentó a otros grupos y cantantes a recurrir a él de modo más frecuente para referirse a temáticas no sexuales. De tal modo, surge un estilo de «corrido grosero», que es aquel que utiliza majaderías en sus formas expresivas…La infracción vulgar de las formas lingüísticas implica, ya de por sí, una rudeza. Su utilización, con objetivos agresores, la amplía. Los corridos groseros han expresado y promovido distintos tipos de intemperancia. De tal manera, estos corridos se convirtieron en verdaderos proyectiles en contra de la moralidad social, pasando a ser parte de la cultura y la estética de la violencia”.
Tampoco debe escudarse en la libertad de opinión y de expresión ya que estos principios/derechos universales no dan cabida a los discursos de odio a la difamación, calumnia, obscenidad, pornografía, sedición, incitación o la violación.
Remato diciendo o más bien preguntando, ¿es válido inundarnos de este estilo “marrano” uniéndolo a lo que deberían ser artes y más aún, es necesario comentar y aplaudir con tal de subirse al tren de mame?.. No lo creo. Punto, hasta aquí.

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