Carlos Urquidi G.

Chihuahua, Chih.– La comunidad artístico, cultural y universitaria de Chihuahua lamenta el fallecimiento de Lito Carreón, figura emblema del Departamento de Bellas Artes, hoy Facultad de Artes, en particular y en general de la Universidad Autónoma de Chihuahua a través de ‘La café de Lito’ que no solo atendió con pasión sino que convirtió en un punto de encuentro de generaciones enteras hasta su retiro por motivos de salud.

Detrás de los molletes, las enchiladas suizas, la sopa azteca de pollo, la torta universitaria y del café, había un hombre con una capacidad de aconsejar, ayudar y alentar a quienes estudiaban en la UACh y sobre todo con un humor y sus inseparables y distintivos tirantes.

“El cariño que me brindan los muchachos y el mío hacia ellos es lo que me hace más feliz, me lleno de vida haciendo el trabajo que me gusta”, comentaba. Rafael Carreón Olivas nació el 2 de julio de 1950.

Tradición que obliga y trasciende

Tres generaciones, Rafael padre, Rafael hijo y Rafael nieto: la cafetería universitaria abrió en 1964 a cargo de los padres de Lito quien se puso al frente del negocio familiar en 1985 tras enfermar su padre, manteniéndose hasta 1996 cuando la universidad decidió quitar el espacio, pero la universidad no era la misma sin su cafetería, regresando en 2008 para continuar atendiéndola junto con su esposa e hijo.

Así, durante toda una vida, 50 años, Lito y su familia convirtieron en lugar no solo en el cual saciar el hambre, hacer tareas o charlar, sino en un punto de encuentro de excelencia y calidez humana para todos, desde la llegada de Lito a las 8 de la mañana hasta las seis de la tarde, “la gente batalla para irse”, decía.

Un apodo que se convirtió en nombre: Lito, como lo conoce todo el mundo creció con su apodo, ‘cuando su padre lo llamó así durante una reunión frente a su maestro y compañeros de clase’, manteniéndose hasta la fecha.

En la cafetería también hay secretos y la receta de la sopa azteca, que su esposa Lupita prepara en casa, es uno de ellos, nadie la conoce y no es compartida con nadie, ni Lito la sabía, su sabor ocupa el primer lugar de preferencias, seguida por los no menos especiales huevos rancheros.

Y más atrás en el tiempo y que perdura hasta la actualidad está la torta universitaria creación de los padres de Lito, “costaba un peso, era preparada con carne molida y soya, actualmente sigue a la venta y es pedida por personas que regresan a la facultad luego de años de estar ausentes”.

Las anécdotas y los comentarios de quienes lo conocieron son miles y van desde, ‘llegué a preguntar por las oficinas del entonces Departamento de Bellas Artes, me dio la información, y me dijo: primero comete una torta universitaria. Así nació la adicción a esa torta representativa de muchas generaciones y una gran amistad”.

“En nuestra memoria permanecen sus molletes, sus enchiladas suizas y el café, pero sobre todo las palabras de aliento, la generosidad y el buen humor para enfrentar nuestros días de estudiantes de la Facultad de Artes”.

Y más testimonios, “querido Lito, generaciones estaremos agradecidos con usted para toda la eternidad, nos quitó el hambre a muchos, no había problema que no se pudiera solucionar con una taza de café, una buena charla y su inolvidable sopa azteca con pollo”.

Todos coincidiendo en que era un gran ser humano, “un gran personaje que forma parte de la identidad de Bellas Artes y de nuestra universidad. Concesionario de la cafetería universitaria, atendida por su familia desde los inicios de la institución, siempre regaló buen humor tras la barra. Fue generoso con los estudiantes de escasos recursos y con más de un docente en necesidad, por lo que se le guarda profundo agradecimiento y cariño”.

Le sobreviven su esposa Lupita, sus hijos Rafael y Karla; será velado a partir de las 10 de la mañana de este viernes 2 de enero hasta las 10 del sábado en Mausoleos Luz Eterna. Descanse en paz. Punto, hasta aquí.

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